El otro día me llegó el típico correo de GLS para valorar una entrega y, al ir a marcar las estrellas, algo no me cuadraba. Estaban coloreadas en rojo, amarillo y verde, pero a mi ojo algo le chirriaba. Al fijarme bien, me di cuenta: las estrellas rojas ocupaban más de la mitad, del 1 al 6. "Un pequeño dark pattern", pensé.

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Es curioso cómo un detalle que parece insignificante puede cambiar por completo nuestra decisión.

Todos recordamos el colegio: un 5 era un aprobado (si tus notas eran del 1 al 10). Sin embargo, en esta encuesta, el 5 y el 6 están pintados de rojo, lo que te quita la sensación de aprobado.

Ahí es donde entra la duda de que estrella poner: «Oye, que tampoco ha ido mal, no quiero ponerles una estrella roja». Y casi sin darte cuenta, si tenías pensado dar un aprobado justo, acabas marcando un 7 (el primer amarillo) solo porque el rojo te parece que estás poniendo mala nota.

No lo digo como una crítica, sino como una observación de cómo nos influye el diseño. Siempre me sorprende descubrir cómo el color es capaz de «elegir por nosotros».

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